Sistemas Complejos
Un sistema es un conjunto de elementos o partes que interaccionan entre sí a
fin de alcanzar un objetivo concreto; teniendo entre sus elementos
dos implicaciones fundamentales:
- Existe una influencia mutua entre sus elementos, el cambio experimentado en uno de ellos afecta inevitablemente al resto.
Los sistemas complejos se caracterizan porque su comportamiento es imprevisible. Sin
embargo, complejidad no es sinónimo de complicación: este último
hace referencia a algo de difícil
comprensión. Aunque no existe
una definición absolutamente aceptada de un sistema complejo, sin
embargo se pueden dar algunas
peculiaridades comunes.
·
Esta compuesto por una gran cantidad de elementos
relativamente idénticos. Por ejemplo, las células en un organismo, o
las personas en una sociedad.
·
La interacción entre sus elementos es local y
origina un comportamiento emergente que no puede explicarse a partir de dichos
elementos analizados aisladamente. (comportamiento
de un enjambre de abejas).
·
Por último, es muy difícil predecir su
evolución dinámica futura; más allá de un cierto horizonte temporal.
Estos se extienden desde
la física hasta la neurología, desde la economía hasta la biología molecular,
desde la sociología hasta las matemáticas.
Por esto, no son un caso raro ni excepcional sino que se
manifiesta en la mayoría de los
fenómenos que se observan a diario. Sin embargo, se pueden identificar conductas dinámicas
genéricas, no importa su naturaleza (física, química, biológica o social);
entre ellas, las leyes de crecimiento, la auto organización y los procesos
colectivos emergentes. Como ejemplos de sistemas complejos se pueden
mencionar una célula, un cerebro, un
organismo, un ecosistema, una sociedad
de insectos, un sistema inmunológico o una economía de mercado.
La mayoría de los sistemas complejos son
inestables, se mantienen delicadamente equilibrados. Cualquier variación mínima
entre sus elementos componentes puede modificar, de forma imprevisible, las
interrelaciones y, por lo tanto, el comportamiento de todo el sistema. Así, la
evolución de esta clase de sistemas se caracteriza por la fluctuación, osea que el orden y el desorden se alternan
constantemente. Sus estados evolutivos no son a través de procesos continuos y
graduales, sino que suceden por medio de reorganizaciones y saltos. Cada nuevo
estado es sólo una transición, un período de "reposo entrópico", en
palabras del Premio Nobel ruso-belga Ilya Prigogine.
Estos sistemas nunca llegan a un óptimo global, al estado de
mínima energía. En general, crecen progresivamente hasta que llegan al límite
de su desarrollo potencial. En ese instante, sufren un desorden, una especie de
ruptura que induce una fragmentación del orden pre-existente. Pero después,
comienzan a surgir regularidades que lo organizan de acuerdo con nuevas leyes,
produciendo otra clase de desarrollo.
Este comportamiento es típico en los sistemas naturales: por
ejemplo, el tránsito, los insectos, del
huevo a la larva y de ésta a la crisálida. La organización de los sistemas
complejos se da en diferentes niveles. Las leyes que gobiernan la causalidad de
un nivel dado , pueden ser totalmente diferentes a las de un nivel superior.
Auto-organización
El orden y el desorden se necesitan el uno al
otro, se producen mutuamente; son conceptos antagónicos, pero, al mismo tiempo,
complementarios. En ciertos casos, un poco de desorden posibilita un orden
diferente y, a veces, más rico. La variación y el cambio son ineludible y la debe transitar todo sistema complejo para crecer y
desarrollarse. Cuando esta transformación se consigue sin que intervengan factores
externos al sistema, se denomina "auto-organización.
La auto-organización se erige como parte esencial de cualquier
sistema complejo. Es la forma a través de la cual el sistema recupera el
equilibrio, adaptándose al entorno. En
esta clase de fenómenos es fundamental la idea de niveles. Las interrelaciones
entre los elementos de un nivel originan nuevos tipos de elementos en otro
nivel, los cuales se comportan de una manera muy diferente. Por ejemplo, entre
otros, las moléculas a las macromoléculas, las macromoléculas a las células y
las células a los tejidos. De este modo, el sistema auto-organizado se va
construyendo como resultado de un orden incremental espacio-temporal que se
crea en diferentes niveles, por estratos, uno por encima del otro.
Los sistemas autoorganizados se mantienen dentro
del estrecho dominio que oscila entre el orden inmutable y el desorden total,
entre la constancia rígida y la turbulencia anárquica. Es lo que se conoce como transiciones de fase, o como lo llama el doctor en Ciencias
de la Computación, antropólogo y filósofo estadounidense Christopher Langton:
el borde del caos. Es en esta delgada franja en donde se
ubican los fenómenos que edifican la vida y las sociedades.
Por último,
se puede aclarar que, aunque no es posible analizar matemáticamente la
evolución de muchos de estos sistemas, se los puede explorar través de
experimentos numéricos (por medios computacionales). Esto se debe a que, desde
el punto de vista computacional, son sistemas irreducibles; es decir, la única
forma de estudiar su evolución es mediante la observación directa (o sea,
permitiendo que evolucionen). Para su estudio, en consecuencia, se emplean
potentes sistemas computacionales en donde se simulan sus componentes, sus
conexiones y sus interacciones, observándose la dinámica emergente.

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